Universidad Politécnica de Cartagena
E. T. S . I. Agronómica

del 22 al 26 de Abril de 2003


Artículo del Diario la Opinión

AGUA DE MI ALJIBE

Congreso del Campo de Cartagena

Javier Lorente

La ciudad de Cartagena, que atesora orgullosa una milenaria historia que brota del subsuelo con ansia de oler la brisa del Mare Nostrum, se va a convertir, por unos días al menos, en lo que debiera ser de continuo: la capital de la Comarca.

Del 23 al 26 de abril, sin tregua alguna tras la Semana Santa, se celebrará en la UPCT el I Congreso Etnográfico del Campo de Cartagena, que con más de cincuenta ponencias de catedráticos y estudiosos del la cultura, las tradiciones, el modo de vida y el patrimonio de la zona, se convertirá, sin duda, en un acontecimiento de gran trascendencia. Puede que hasta suponga un verdadero giro copernicano en la percepción que tenemos los cartageneros de aquello de quiénes somos, de dónde venimos y, sobre todo, a dónde vamos.

En esta ciudad portuaria parece que se vislumbra, entre tantas sombras y desaguisados, una reapertura al mar y un reencuentro con el patrimonio histórico y arqueológico, al menos a nivel de conciencia popular. Pero Cartagena, ese baluarte, quizás nunca terminó de derribar aquellas murallas que la han encerrado en sí misma, dando la espalda a la Comarca y, peor aún, a su amplio y diverso municipio.

Una Cartagena nueva que ha de renacer, cual ave fénix, de sus aún abundantes cenizas, ha de levantarse sobre muchos y decisivos pilares: el patrimonio arqueológico, la industria, la actividad portuaria y la apertura al mar, la ordenación racional, protección y puesta en valor del litoral. pero hay un pilar fundamental que es la clave sin la cual se puede derrumbar cualquier cúpula del mejor arquitecto: la enorme riqueza agrícola, social, cultural y patrimonial de la zona rural.

Antonino González Blanco, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Murcia y presidente de este Congreso, señala estupefacto el ejemplo emblemático del abandono escandaloso del monasterio de San Ginés de La Jara, que debiera ser la joya de la corona. ¿Con ejemplos como éste vamos a promocionar el turismo? No estamos aprovechando lo que tenemos y estamos a punto de perderlo para siempre. Otros pueblos, otras regiones, con menos mimbres hacen mejores cestos y buena venta de ello. Paisajes de gran diversidad, molinos de viento, casas de labranza, bodegas almazaras, arquitectura popular, caserones, torres defensivas, baterías de costa, ermitas, aljibes, fiestas populares, folclore, tradiciones orales, costumbres sociales y religiosas, romerías, fiestas, juegos, cuentos populares, canciones, trovos, cuadrillas, flamenco. Todo un impresionante legado patrimonial de los pueblos de la Comarca que en nada se opone, sino que complementa, a los grandes valores de lo urbano, la modernidad y el progreso, ni a otras manifestaciones culturales.

No se trata aquí de defender la Arcadia feliz, que tampoco es eso, ni del menosprecio de Corte y alabanza de aldea, que diría Fray Antonio de Guevara, sino de que Cartagena no se puede permitir, salvo como una autoinmolación, el prescindir de la mitad de su cerebro, pues no sólo perderá la memoria, sino también su propia identidad y, peor aún, la capacidad de movimiento, y su viaje será a ninguna parte.

El rico patrimonio etnográfico de esta comarca es un valiosísimo bien cultural que urge salvaguardar, conocer, poner en valor y transmitir. El gobierno francés está elaborando una gran ley nacional de defensa del medio rural, no vayamos nosotros a creernos más avanzados y que no la necesitamos. Este Congreso Etnográfico es la gran oportunidad para ello.